Entre el cielo y la tierra

FMSR nº de catálogo 3568

Lápiz sobre papel
31 x 18 cm

Este esquema de una escultura del género “instalación”, que contempla sobre el papel la entrada en juego de los cuatro elementos que barajaba Empédocles, es un asunto imbricado en lo que se conoce como el “primer Sánchez”, y por extensión las problemáticas relaciones de todo aquello que se ubique entre el cielo y la tierra. 

El término “sublunar” gustaba a un joven e inexperto Manuel que frecuentaba a sus poetas físicos con fervor, y refería toda forma al cruce de los elementos “en este mundo”. Así se produjo este Cielo-Tierra, que es una tentaviva no ejecutada de escenificar los encuentros del agua, la tierra, el aire y el fuego. De autoría incierta (está sin firmar), el epicureo Felix Bejarano Gracia insiste que en el innegable gozo del uso de la palabra “sublunar”, solo puede encontrarse el Polígrafo, en tanto es palabra de abolengo aristotélico; pero no menos el Ordenador, pues en esa franja se encuentra todo lo que preocupó a los físicos que precedieron al Estagirita. Y al propio Sánchez del Río en su niñez y juventud, ya que los primeros encuentros de su ser lengua fueron estos elementos, los que cambiará por Demócrito y los átomos en los que seguirá existiendo hasta el hoy de ayer, tiempos en los que se le ha querido ver en el quanto, especialmente a la entrada del Libro II de La ida de Manuel Sánchez del Río en Nueve Libros

Rafael Quiñones Blanco, en cambio, entiende que hay que ver bien «lo que aquí se razona». E ironiza diciendo que entre el cielo y la tierra están la coronilla de la cabeza y la planta de los pies de un ser humano, con lo que aboga por una interpretación humanista y figurativa de esta obra de la que solo le interesa la figura que falta. 

Miroslav Curiolonis dice que la obra no deja de ser un escenario o un escaparate, y que el giro que ha tomado en los últimos desarrollos son un delirio de las convenciones que atenazan el arte, y que lo mejor que podría hacerse con esta obra sería desmontarla. Y añade: «Mientras solo sirve para que éstos se luzcan hablando y el amigo Crespo ejercite sus maestrías».

Juan Tonge, por su lado, no ha perdido la ocasión de defender una versión virtual «de toda esta basura». Lo sorprendente es que Crespo Lama le escucha con atención, para dudar tanto de las moralejas del reciclaje como del triturado de la obra, que en manos de Tonge significaría reducir la obra a pixeles, lo que nunca permitirá la Fundación Manuel Sánchez del Río.