Majano 2020

Piedras diversas
16 x 20,5 x 18 cms
Ancho y fondo variables

Jacob tomó una piedra y la erigió como estela. Y dijo Jacob a sus hermanos: “Recoged piedras”. Tomaron piedras, hicieron un majano y comieron allí sobre el majano. Labán lo llamó Yegar-Sahdutá, y Jacob lo llamó Galed. Labán dijo: “Este majano es testigo hoy entre nosotros dos”. Por eso le llamó Galed, y también Mispá, pues dijo: “Que Yahvéh nos vigile a los dos, cuando nos alejemos el uno del otro”. Génesis. 31, 45-49.

 

Hay dos precedentes de este Majano 2020 firmados en el año 1996.

La novedad de esta última versión es que introduce una estructura, aunque sea mínima, que permite hablar de compresión. La sucesión de las láminas y sus respectivas caras planas puede remitir a los estratos de una excavación arqueológica invertida. Al mismo tiempo, la disposición aleatoria de los 5 estratos de diferentes clases de piedras y grosores invita al gesto, pues el espectador puede jugar a variar el orden de las losas.

No hay tiempo que perder en debates viciados por las ideologías sobre el monumento y lo monumental, sobre sus fines y sus retornos, y mucho menos sobre columnas erectas y caídas. Pues no hay verticalidad sin horizontalidad y viceversa. Sí merece el esfuerzo apuntar a partir de la cita del Génesis, la secuencia de los términos señal, signo y símbolo. El gesto de Jacob y la escultura que resulta es interpretada y traducida por la palabra “estela”. Pero stela en latín procede del griego stele, y está muy cargada de unas connotaciones muy evolucionadas que distraen del asunto que este Majano 2020 está tratando. El primer gesto de Jacob remite a la emisión de una señal que prácticamente no se diferencia del gesto. La señal podría durar lo que el gesto, y en cuanto a la extensión (el volumen de la piedra) parece poco relevante. Pero a Jacob el gesto le parece insuficiente, de modo que manda recoger piedras a sus hermanos. Pero esta recogida de piedras ya no hace una mera señal, ya es signo, ya es una escultura, un majano. En nota al texto (Biblia de Jerusalén. Editorial Española Desclée de Brouwer, S.A. Barcelona 1969) se dice que Jacob llamó a este signo/escultura “majano del testimonio”. La idea de testimonio implica la existencia de dos partes y de un pacto. El pacto compromete a hacer durar en el tiempo la extensión del signo  en el espacio; pues es necesario que el signo dure en su significación. La duración varía el signo, pero el signo implica una invariancia.

 

A la barbarie se le reconoce borrando los signos.

La otra acepción de estela remite a rastro en el agua. En este caso es la presencia del rastro en ausencia del objeto que rasga el agua, lo que hace tan evocadora esta imagen. Pero esto ya es otro asunto.

Lo que aquí importa, no obstante, porque afecta a la constitución misma de cualquier escultura, es la relación que se establece entre dos partes y la negación del uno, pues los testigos han de ser dos al menos. Labán es testigo de Jacob y viceversa. Pero es más, el Galed de Jacob o el Yegar-Sahdutá de Labán, en tanto signos (esculturas) que podían ser interpretados desde el hebreo o desde el arameo, se ven sellados primero por una reunión de piedras, y finalmente con una comida entre Labán y Jacob. Una comida que celebran sobre el signo. Así, el signo se abre a la condición de símbolo.

En la misma nota a Génesis 31, 47, se dice que “en castellano las piedras adosadas a una muga se llaman precisamente <testigos>”. la palabra “muga” es vascuence y significa mojón, término o límite.

Guillermo Zuaznabar da noticia de una escultura sin título de Jorge Oteiza1 que puede ser conocida por “Monolito” o “Mojón”, que estuvo y debe estar en el límite fronterizo del Nuevo Puente Internacional Irún-Hendaia que se construyó en 1970-71. La escultura mide 1 metro de alto para atender a la altura de la vista de los conductores y viajeros sentados en los coches que atraviesan el puente en ambos sentidos, y tiene, por consiguiente, dos caras principales. En una está escrito ESPAÑA, en castellano, de cara a Francia. En la otra FRANCE, en francés, de cara a España. Zuaznabar escribe: “Súbitamente la piedra inicia una doble torsión. Nace una espiral. Es un vórtice que en su giro deambula en busca de sí. En busca de su centro, de su lugar. Este vórtice arranca violentamente desde la línea de la frontera. Como un tornado, termina por diluir, borrar, arrasar toda marca, toda contaminación visual, toda referencia innecesaria, inaugurando sobre el Bidasoa un nuevo territorio. Un nuevo espacio, para, en él, proyectar los deseos (¿oscuros?) de un lugar en permanente transición”. Y en nota Zuaznabar se pregunta: “Los deseos, en tanto deseos, ¿no son oscuros siempre?”

A esta hermosa interpretación de Guillermo Zuaznabar podría sumársele otra que me resulta más próxima: Jano es una de las divinidades mas antiguas del panteón romano. Reinaba sobre la colina del Janículo y fue representado con dos caras opuestas, una que mira hacia adelante y otra hacia atrás. En tiempos de Rómulo obró un milagro que salvó a la ciudad de Roma de un ataque de los sabinos. Se decidió entonces que en tiempos de guerra las puertas del templo de Jano permanecerían abiertas. De este modo, en caso de ser llamado por los romanos, el dios encontraría el paso libre. En tiempos de paz, sin embargo, permanecerían cerradas. Pero el mito de Jano adquiere un significado topológico que le excede. Al tratar con una puerta abierta en dos sentidos, el genio romano descubrió que no hay una dirección sin dos sentidos.

 

1. Gullermo Zuaznabar. Jorge Oteiza. Animal fronterizo. Casa-taller 1957-58. Actar, Barcelona 2001.

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